Todos queremos a Marion Cotillard

Las estrellas de cine permanecen en el tiempo porque se saben eternas y son plenamente conscientes de su condición. Impresionan y generan sentimientos y emociones agradables que nos gusta repetir y mantener. Ellas se encuentran muy lejos, en una dimensión a la que no se nos está permitida la entrada. Todos nosotros, simples mortales, nos limitamos a observarlas desde lejos, como a sus pares celestes del firmamento, a través de medios cada vez más complejos que nos permiten divisarlas en toda su gloriosa magnitud. Desde este blog, ebullente de emociones agradables, haré un esfuerzo por traer a esas estrellas un poco más cerca de lo usual.

La estrella de hoy es Marion Cotillard. Esta espléndida actriz francesa a quien podemos ver en cartelera aquí en Lima en la última película de Steven Soderbergh: Contagio, una cinta mediana que nos muestra a una siempre vistosa Cotillard en un papel deleznable y poco convincente. Aunque eso, ciertamente, no impide su fugaz lucimiento en los minutos en que llena la pantalla.

Pero dejemos las palabras por un momento. Al ver las fotos que siguen, podremos concluir que todo lo bueno y sensible que existe aún en el mundo, se concentra en la imagen de Marion Cotillard, como ocurrió antes con sus paisanas Anna Karina, Brigitte Bardot, Isabelle Adjani, Carole Bouquet o Virginie Ledoyen.

A la Cotillard la descubrí, creo que como todos, con La vie en rose, la película que le hizo ganar todos los premios que debía ganar por esa actuación transformista que tanto le gusta a Hollywood y que además la lanzó a la estratósfera de la fama. El resto del camino ya es más fácil de seguir.

Fue la sufrida amante de John Dillinger, interpretado por el insufrible –pero aquí felizmente contenido– Jhonny Deep en la película Enemigos Públicos de Michael Mann, donde se limitó a ser la comparsa femenina del héroe, así como unos años antes lo fue de Russell Crowe en Un buen año de Ridley Scott.
Menos decorativa y más empeñosa es como la vemos en sus últimos papeles en inglés: Inquietante y desequilibrada en Inception de Christopher Nolan y convertida en el objeto ilusorio y anacrónico del deseo en Medianoche en París de Woody Allen.

El próximo año la veremos en The Dark Night Rises bajo la órdenes nuevamente de Nolan. Nadie, salvo el director, tiene idea de quién es Miranda Tate, el personaje que encarnará.

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