
Estimado Guido Cuadros:
Hace un tiempo leí un comentario tuyo en un post del blog Ciudadano Pop. El artículo, juguetón y multireferencial como siempre, planteaba a los lectores reconocer las imágenes de algunos escritores famosos en la portada de The New Yorker ilustrada por Daniel Clowes. En uno de los párrafos de tu comentario adviertes, con acierto, la identidad de los escritores dibujados. Te cito:
A ver, el del bolso de arriba es Ernest Hemingway (de quien he leído ”Por quién doblan las campanas”, ”El viejo y el mar” y varios cuentos suyos). El del polo rosado de atrás es William Shakespeare (de quien no he leído nada, pues en mi adolescencia leí a Nietzche, y el deploraba a Shakespeare, considerándolo un escritor ramplón y simplón que escribía para el gusto de las masas, -y ya nunca me dieron ganas de leerlo- pero sí he visto representaciones de Romeo y Julieta y otras obras suyas interpretadas por el elenco de Chespirito, las que me gustaron mucho). Los muñequitos también son de Shakespeare y de Mark Twain (yo también hubiera dicho General Sanders a primera vista, pero obviamente ya inferí que todos son escritores, pues están dentro de una librería).
[El resaltado es mío.]
Y allí fue donde me preocupé. En serio. Así me quedé cuando vi ese comentario tuyo sobre Shakespeare.
No me malinterpretes. Debo decirte en principio que me caes muy bien, en serio. Leo tu blog muy seguido y se nota a todas luces que eres una persona sumamente inteligente y juiciosa. Comparto contigo ese gusto por los cómics, la literatura y el cine; me indigno como tú ante la arbitraria pendejada que hizo Perú.21 con The Long Halloween y también me dedico a difundir, aunque no con la regularidad que quisiera, mis gustos, disgustos, fobias y obsesiones través de mi humilde blog.
Por todo eso me sorprende muchísimo que nunca hayas leído a William Shakespeare.
No solo me sorprende que no lo hayas leído sino que lo subvalores y prejuzgues en base a una opinión ajena, por muy válida que esta pueda ser. Y es aquí donde quisiera rebatir amablemente tu sustento para no leer a Shakespeare.
Esta es la razón que esgrimes para no haberlo leído: que Nietzche, supuestamente, deploraba al autor de Romeo y Julieta; lo consideraba, cito tus palabras, “un escritor ramplón y simplón que escribía para el gusto de las masas”. Cabe la posibilidad que Nietzche haya afirmado semejante idea como parte de algún delirante rapto de su demencia producida, quizás, por la sífilis. ¿Quién sabe? Pero una cosa sí es segura: Nietzche menciona directamente a Shakespeare y lo hace en términos muy halagüeños, por ejemplo en Ecce Homo. Aquí, Nietzche menciona la condición dramática de Hamlet en donde algunos han querido ver una premonición de la propia enfermedad que muy pronto habría de apoderarse del autor alemán:
Cuando busco mi fórmula suprema para definir a Shakespeare, siempre encuentro tan sólo la de haber concebido el tipo de César. Algo así no se adivina, se es o no se es. El gran poeta se nutre únicamente de su realidad, hasta tal punto que luego no soporta ya su obra. Cuando he echado una mirada a mi Zaratustra, me pongo después a andar durante media hora de un lado para otro de mi cuarto, incapaz de dominar una insoportable convulsión de sollozos. No conozco lectura más desgarradora que Shakespeare: ¡cuánto tiene que haber sufrido un hombre para necesitar hasta tal grado ser un bufón! ¿Se comprende el Hamlet? No la duda, la certeza es lo que vuelve loco. Pero para sentir así es necesario ser profundo, ser abismo, ser filósofo. Todos nosotros tenemos miedo de la verdad.
Harold Bloom, en su libro Shakespeare: La invención de lo humano, da a entender que Hamlet es un modelo implícito para el libro de Nietzche Hacia una genealogía de la moral. El pensamiento de Nietzsche se usa con la intención de resaltar la dimensión irracional del género humano como catalizador de sus acciones:
La realización más shakesperiana de Nietzsche es puro Hamlet: Sólo podemos encontrar palabras para lo que ya esta muerto en nuestros corazones, de manera que necesariamente hay una especie de desprecio en todo acto del habla (de la razón).
Esta atrevida carta no pretende ser, al menos en su concepción, una seguramente muy enriquecedora polémica. Lo que quiero tratar de decirte, (perdona el atrevimiento) amigo Guido es algo muy simple:
No sabes lo que te estás perdiendo. De verás.

"Ophelia" (1852) de Millais
Y aquí empieza el verdadero propósito de escribirte. Poco podría decir para animarte a leer a Shakespeare, salvo la simple recomendación que te sumerjas en toda la gama de emociones humanas que se suceden a lo largo de sus páginas. Te recomiendo que empieces con las tragedias más brutales como Othelo, Hamlet y Macbeth de las que, te aseguro no saldrás indiferente. Luego puedes darle un repase a Romeo y Julieta y por ahí a sus comedias más conocidas.
En las pocas librerías que tenemos en Lima puedes recurrir sin problemas a toda la bibliografía shakesperiana. Pero te recomiendo especialmente los títulos publicados por la editorial española Cátedra que es pródiga en notas y referencias además de presentarte versiones bilingües de sus obras más importantes, lo que enriquece aún más su lectura.
Shakespeare ha cambiado la manera de concebir a las pasiones humanas, especialmente a las más bajas. Y la influencia monumental del bardo inglés no tiene límites. Alguien dijo alguna vez que Hamlet es, después de Jesús, la figura más citada de la conciencia occidental; nadie le reza, pero tampoco nadie lo rehúye mucho tiempo.
Y es que al final, ¿no es Bruce Wayne un Hamlet en busca de la redención de un padre muerto que busca en todo momento reivindicarse ante él combatiendo a todo criminal, a cada usurpador que le recuerda esa promesa ante el fantasma del padre?

¿Adivina de quién era el busto en la serie de Batman?